Los biocombustibles obtenidos de aceites vegetales tienen un gran potencial para atender la demanda energética, ya que son fuentes de energía renovables. Los biocombustibles a partir de aceites vegetales pueden producirse sometiendo dichos aceites a craqueo catalítico asistido por plasma. Como materias primas para producir biocombustibles se emplean diversos aceites vegetales, entre ellos el de palma, el de semilla de algodón, el de semilla de colza, el de soja, el de jatrofa, el de semilla de girasol y otros. Se han propuesto muchos métodos para convertir los aceites vegetales en biocombustibles, es decir, la transesterificación o el craqueo, si bien los procesos más desarrollados son los de craqueo.
El craqueo de los aceites vegetales es pirólisis – craqueo térmico, craqueo catalítico e hidrocraqueo-desoxigenación. La tecnología avanzada de craqueo es el craqueo catalítico asistido por plasma de microondas. La descarga de plasma desempeña un papel importante al favorecer la excitación electrónica en el enlace covalente de las moléculas de los reactivos, es decir, la ruptura de los enlaces C-C, C=C, etc., de modo que el craqueo pueda llevarse a cabo con facilidad.
Plasma Power se propone diseñar y fabricar de forma adaptada la planta de proceso con una tecnología única basada en plasma, empleando el proceso de craqueo por plasma para la conversión de aceites vegetales en biocombustibles.
Plasma de microondas
El plasma de microondas es el conjunto de descargas de microondas generadas por ondas electromagnéticas de frecuencia superior a 300 MHz. Para obtener las descargas de microondas se emplean generadores de plasma denominados plasmatrones, que introducen la energía electromagnética en el volumen de descarga. La generación de plasma de microondas requiere equipos específicos – un oscilador de microondas, un magnetrón y un sistema de guías de ondas –, que permiten crear en el volumen de descarga (resonador) un campo electromagnético de intensidad superior a 30 kV por centímetro. Ello da lugar, a su vez, a la aparición de la tensión de ruptura y a la ionización en avalancha del gas plasmógeno (aire, vapor de agua, gases inertes, hidrógeno, oxígeno, etc.), además de a la formación del cúmulo de plasma. La región de «combustión del plasma», denominada plasmoide, adopta la forma de una antorcha (chorro de plasma) gracias a un flujo organizado de gas plasmógeno que se conduce al exterior del plasmatrón. Se consigue así un doble efecto: la protección del plasmatrón frente al sobrecalentamiento y la destrucción, y la disponibilidad de una potente herramienta para una acción intensiva a alta temperatura sobre sustancias orgánicas e inorgánicas.

